por León Zeldis,

FPS, 33° PSGC,

Supremo Consejo del Rito Escocés del Estado de Israel
Gran Maestro Adjunto Honorario

de MasoneriaEnIsrael Website


Más de una vez en el curso de los últimos dos siglos, la antimasonería ha sido fusionada con un odio más antiguo, el odio a los judíos, es decir el antisemitismo. Probablemente la naturaleza irracional de ambas fobias facilita su yuxtaposición. Sea como fuere, somos testigos desde mediados del siglo XIX de una ola creciente de propaganda a la vez antisemita y antimasónica. Posiblemente la obra paradigmática de esta clase de “literatura” sea un opúsculo llamado Los Protocolos de los Sabios de Sión a veces también conocido como Protocolos de los Ancianos de Sión. Esta es una de las falsificaciones literarias más notorias en la historia, basada en el plagio y el fraude desde el comienzo mismo de su gestación, y sin embargo esta superchería ha cautivado la imaginación de muchas personas en otros respectos sensatas y se ha transformado en la “fuente de información” indispensable en el bagaje de todos los antisemitas y antimasones.


En este trabajo, examinaremos la historia de este fraude, demostraremos su absoluta falsedad y echaremos un vistazo a las lamentables consecuencias que ha tenido en la historia moderna, tanto del punto de vista del pueblo judío, como de los masones.

 


FUENTES DE INFORMACIÓN


En la preparación de este trabajo me apoyé principalmente en las obras de tres investigadores: el Profesor José Antonio Ferrer Benimeli, quien en su libro El Contubernio Judeo-Masónico-Comunista (1)dedica un largo capítulo al tema que nos ocupa (pp. 135-210); Norman Cohn, autor de Justificación para el Genocidio (2), donde hace una historia completa de los antecedentes de los Protocolos, su evolución y sus alcances; y Herman Bernstein, autor de La verdad sobre los “Protocolos de Sión” (3), donde no sólo relata la historia de la mistificación, sino que reproduce el texto íntegro del libro de Joly (pp. 75-258), el texto de los reportajes aparecidos en el London Times (pp. 259-264), el texto completo de los Protocolos (pp. 295-359) y otros documentos auténticos.


También consulté otras obras para aclarar o agregar ciertos detalles, como el libro ¿Deben los hombres odiar? del abogado norteamericano Sigmund Livingston (4), quien fuera el primer Presidente de la Liga Contra la Difamación de la Bené-Berith, y que en su libro agrega un interesante testimonio personal (pp. 39-49) a la minuciosa relación hecha por los autores mencionados antes. Todas estas obras están incluidas en detalle en las notas al final de este trabajo.

 


ANTECEDENTES


El acoplamiento de antimasonería y antisemitismo no comienza con los Protocolos. Ya con ocasión del caso Dreyfus, que comenzó en 1894 y continuó en forma intermitente hasta 1906, la prensa francesa y también la de otros países (5) relacionaron el judaísmo de Dreyfus con la masonería de muchos de sus defensores más leales. Aún antes, el Padre Agustín Barruel en su Memoria para servir a la historia del Jacobinismo (6), acusó a la Masonería (que confundió con los Illuminati de Baviera) de ser instrumental de la Revolución Francesa (¡y también de ser los herederos de los Templarios!). Aunque Barruel no encontró datos históricos que le permitieran extender su ataque abarcando a los judíos (entre los revolucionarios franceses famosos no había judíos), otros autores posteriores no fueron tan puntillosos, y no tuvieron empacho en inventar lo que no existía en la realidad.


Existen numerosos libros publicados antes y después de los Protocolos que sostienen que el judaísmo está en el origen de la Masonería. Citaremos a Monseñor León Meurin, Arzobispo de Port-Louis, Mauritius, quien publicó en 1893 un libro titulado La Franc-Maçonnerie, Synagogue de Satan. Dice así el autor, en la página 260:

“Todo en la Franc-Masonería es fundamentalmente judío, exclusivamente judío, apasionadamente judío, del comienzo al final”. (7)

La verdad histórica, que se puede hallar en cualquier trabajo serio sobre la Masonería, es que las logias eran en sus orígenes exclusivamente cristianas, y sólo con la creación de la Gran Logia de Londres (1717) comenzó el proceso de descristianización, que culminó en 1813, al tiempo de la unión de las dos Grandes Logias rivales de Inglaterra, cuando se creó la Gran Logia Unida de Inglaterra y Gales y fueron revisados nuevamente los rituales, eliminando de ellos los últimos restos de simbolismo cristiano para transformar la institución en el organismo de vocación universal que conocemos actualmente.

 

Vale la pena, como comentario al margen, recordar que existen hasta hoy algunas Grandes Logias (especialmente en los países escandinavos que practican el Rito Sueco) que no admiten en su seno a personas que no profesen la religión cristiana. Más aún, incluso en aquellos países donde los judíos y miembros de otras religiones son bienvenidos en las logias masónicas, existen otros cuerpos masónicos cerrados ante ellos, reservados exclusivamente a los masones cristianos. Como ejemplos (hay muchos otros), mencionaré los “altos grados” del rito York, tales como la Cruz Roja de Constantino, el Caballero de Malta y el Caballero Templario. Existen asimismo algunos Supremos Consejos que consideran que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado es un rito exclusivamente cristiano, y que no aceptan el ingreso ni de judíos ni de miembros de otras religiones (p.ej. los Supremos Consejos de Inglaterra, Escocia, Irlanda y Australia). Su selectividad llega a tal punto, que los candidatos deben declarar creer no sólo en la fe cristiana, sino también en la Santísima Trinidad (!).

 


APARECEN LOS PROTOCOLOS


Los Protocolos aparecieron por primera vez en 1905, en Tsarskoe Selo, un lugar de veraneo cerca de San Petersburgo, Rusia (todavía la Rusia imperial, bajo el gobierno del Zar Nicolás II). El autor indicado en las primeras ediciones era un personaje que fue sucesivamente abogado, juez, y monje griego-ortodoxo llamado Sergei Alexandrovich Nilus (1862-1930).


Originalmente, los Protocolos aparecieron como un simple apéndice en la segunda edición de un libro de Nilus intitulado Velikoe v Malom (Lo Grande en lo Pequeño). Como era habitual en esa época, el libro lleva también un largo subtítulo, que en este caso es bastante tremebundo: y el Anticristo como una posibilidad política cercana. Este subtítulo se refiere al apéndice de que hablamos. En las diversas ediciones que siguieron (1911, 1912, 1917 y 1919, siempre en ruso), Nilus ofrece distintas explicaciones de cómo el manuscrito de los Protocolos había llegado a sus manos, asegurando que él solamente había hecho la traducción al ruso. Otras ediciones y traducciones, publicadas por otras personas, contaban diferentes historias sobre el origen del documento.


Una de las más frecuentes “explicaciones” agregadas a los Protocolos es que son las “actas secretas” del Primer Congreso Sionista convocado en Basilea en 1897 por el Dr. Theodor Herzl.


El argumento desarrollado en el documento es que los judíos conspiran para controlar todos los gobiernos del mundo, destruir la civilización cristiana y convertirse en amos de la tierra. Los Protocolos proporcionan detalles sobre los métodos que serían empleados para alcanzar estos objetivos. La Francmasonería sería la herramienta usada por los “Sabios de Sión” para engañar a la humanidad y luego dominarla. Comencemos por dejar establecido que jamás existió una organización como los “Sabios de Sión” o los “Ancianos de Sión”. Sin embargo, y sin que exista un ápice de evidencia para probarlo, se ha mantenido empecinadamente que estos Protocolos eran las actas de esta organización.


Examinemos un momento la forma de los Protocolos. Lo primero que llama la atención al lector objetivo es que este texto no guarda ningún parecido a ningún protocolo que haya leído jamás. Un protocolo es un acta, es decir, la relación de lo ocurrido en una sesión. Tiene un lugar, una fecha, la hora en que comienza la sesión, quién la preside, generalmente los nombres de quienes están presentes y de quienes excusaron su inasistencia, y luego la descripción de los debates, quién tomó la palabra y - a veces en forma muy resumida - qué es lo que se dijo y qué resoluciones fueron aprobadas.

 

Finalmente, hay una hora de cierre de la sesión, y las firmas que garantizan la veracidad del acta. Nada de esto existe en los Protocolos de que estamos tratando. La única “firma” es simplemente una línea que dice “Firmado por los representantes de Sión del Grado 33”.


Más aún, en estos “protocolos” no se escucha sino una sola voz. Son monólogos o lecciones, arengas podríamos decir, sin que se haya hecho siquiera un intento de que representen un debate o la intervención de varias personas. Es un triste comentario a la credulidad o la malevolencia de aquellos lectores que hayan estado dispuestos a aceptar un texto de esta naturaleza como pretendidos “protocolos” de verdad.


Entrando al contenido, salta a la vista el absurdo de un pretendido plan criminal preparado por un grupo que pretende controlar los medios de comunicación del mundo entero ... pero es incapaz de impedir la reiterada publicación de sus planes. Basta citar a Leopoldo Lugones, en el preámbulo a la edición en español del comentario del Padre Pierre Charles, S.J., a los Protocolos. (8)

 

Escribe Lugones:

“Basta, en efecto, un mediano criterio ... para comprender que se trata de un panfleto (Los Protocolos) tan maligno como imbécil.”

 

LA GESTACIÓN DE LOS PROTOCOLOS


El libro de Nilus no fue el primero en proclamar la existencia de una conspiración judía para la dominación mundial. Lo precedieron varios autores, especialmente un alemán llamado Hermann Goedsche, que en 1868 escribió una novela bajo el seudónimo “Sir John Retcliffe”, con el título Biarritz. Uno de los capítulos de esta obra de ficción relata una escena macabra en el cementerio judío de Praga, donde una vez cada cien años se reúnen representantes de las 12 tribus de Israel con el demonio en persona. (Goedsche parece ignorar que 10 de las 12 tribus se “perdieron” en las brumas de la historia hace más de dos mil quinientos años atrás). Los representantes del pueblo judío le informan a Satanás del progreso de sus planes y solicitan la ayuda infernal para la prosecución de sus criminales proyectos.


Esta fantasía antisemita fue prontamente reproducida como un folleto, no ya como ficción, sino como un documento cuya autenticidad estaba garantizada por el “famoso noble inglés, Lord Retcliffe”. Este, como acabamos de ver, no era sino el seudónimo del escritor alemán Goedsche. La primera traducción fue hecha en San Petersburgo en 1872, publicada bajo el título En el Cementerio Judío de la Praga Checa (los Judíos Soberanos del Mundo). En 1876 nueva publicación en Moscú. En 1880 una segunda edición y nuevas impresiones en Odessa y Praga. (9) En Francia, el escritor Gougenot des Mousseaux también hizo uso de este tema en su libro Le Juif, le judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens (París, 1869), donde acusa a los judíos “Cabalistas” de estar tratando de apoderarse del mundo.


Su continuador, el Abate Chabauty, cura de San Andrés en Mirebeau, en Poitou, publicó en 1881 un volumen de 600 páginas titulado Les Francs-Maçons et les Juifs:

Sixième Age de l’Eglise d’après l’Apocalypse, en que sostenía que Satanás, mediante la conspiración Judeo-Masónica, estaba preparando el camino para el Anticristo judío y la dominación del mundo por los judíos.10 Aproximadamente en la misma época, en la década de 1880, en Italia, el Papa Leo XIII estaba empeñado en una feroz lucha contra la Francmasonería italiana. Aunque él mismo no descendió a hacer propaganda antisemita, le permitió a otros hacerla. Los padres Jesuitas asociados con la publicación La Civiltá Cattolica, especialmente, consideraban perfectamente legítimo desacreditar la Francmasonería presentándola como parte de una conspiración mundial judía.

 

Dos de estos Reverendos Padres, R. Ballerini y F.S. Rondina, condujeron una campaña que duró hasta entrados los años 1890. (11) Finalmente, debemos mencionar que la primera aparición de un texto muy similar a los Protocolos, pero un tanto abreviado, apareció en la revista Znamya (La Bandera) de San Petersburgo entre el 26 de agosto y el 7 de septiembre de 1903 (es decir, precediendo por dos años la publicación de Nilus).

Znamya era publicada por un notorio antisemita, P.A. Krushevan, uno de cuyos asociados era G.V. Butmi, de quien escucharemos más adelante. Krushevan sostuvo que el texto que publicó era traducción de un documento escrito originalmente en Francia, y que el traductor lo había titulado Actas de la Reunión de los Masones Mundiales Universales y los Ancianos de Sión. (12) El objetivo inmediato de Los Protocolos fueron empleados por primera vez en Rusia para fomentar el odio hacia los judíos. Su objetivo inmediato era socavar la influencia política y la posición del Conde Witte, a la sazón el ministro más importante del gobierno zarista.(13) Witte era persona de gran cultura y amplitud de miras, confidente del Zar, y anhelaba instaurar una política imperial ilustrada y moderna.

 

Debido a que la mujer de Witte era de origen judío, la opinión generalizada era que él favorecía a los judíos de Rusia, que habían sufrido persecuciones y discriminación durante siglos. Los oponentes políticos de Witte, encabezados por la Gran Duquesa Isabel, hicieron todo lo posible por desacreditarlo ante la clase dirigente y la familia real. Uno de sus enemigos más feroces era George V. Butmi de Katzman, cuyo nombre parece estar conectado con la publicación de los Protocolos.

 


UN TESTIMONIO DIRECTO


El 8 de enero de 1935, un sacerdote católico llamado Padre Gleb E. Werchobsky, se entrevistó en Chicago con el escritor Sigmund Livingston, quien ya había publicado antes un artículo denunciando la falsedad de los Protocolos.(14) El Padre Werchobsky quería poner en manos de Livingston cierta información hasta entonces desconocida, basada en su propia experiencia personal.


El Padre Werchobsky ratificó la veracidad de su informe a Livingston en una declaración jurada. Posteriormente, Livingston publicó los detalles completos de esta entrevista en su libro ¿Deben los hombres odiar? que ya hemos mencionado. El Padre Werchobsky había nacido en San Petersburgo, Rusia, el 23 de octubre de 1888. Había sido ordenado en Constantinopla (hoy Istanbul) el 13 de julio de 1914. Posteriormente emigró a los Estados Unidos, donde estuvo en varios lugares hasta llegar a Chicago en 1929. Allí continuó cumpliendo sus deberes pastorales en el marco de la Iglesia Católica. Su padre era Eugenio I. Werchobsky y su madre María C. von Stein. George Butmi de Katzman, antiguo teniente en la Guardia Imperial de Rusia, era amigo de la familia.


Inmediatamente después del Caso Dreyfus en Francia, Butmi viajó a París. Cuando regresó a San Petersburgo, trajo varios manuscritos que pidió traducir al ruso. La traducción fue hecha por la mujer de Butmi y la madre del Padre Werchobsky. Esta fue la traducción que apareció luego bajo el nombre Los Protocolos de los Sabios de Sión. En su declaración jurada, el Padre Werchobsky declaraba que Los Protocolos de los Sabios de Sión eran un fraude y una falsificación, y que le entregaba esa declaración (a Livingston) solamente en aras de la verdad. También agregó que conoció personalmente a varios de los implicados en la publicación del documento, incluyendo a Sergei F. Sharapoff, director del semanario Russky Trud (“La Verdad Rusa”), que era una publicación especialmente antagónica al Conde Witte.

 

El grupo luchaba ferozmente contra el intento del Conde Witte de introducir en Rusia el standard oro, para atraer inversiones extranjeras. Witte se inclinaba a formar una alianza con Francia, mientras que sus oponentes buscaban aliarse con Alemania. Era bien sabido que el Conde Witte quería mejorar las condiciones de vida de los judíos en Rusia, y que proponía cancelar ciertas leyes represivas. La publicación de los Protocolos fue empleada para socavar su influencia sobre el Zar y la familia real. El Sr. Lucien Wolf, en su artículo “Las Tonterías de Nilus”, resumió las explicaciones ofrecidas por Nilus sobre el origen del documento publicado como los Protocolos:(15)

“Según una explicación, los Protocolos los obtuvo de un difunto amigo, quien los había recibido de una mujer, asimismo fallecida, quien los robó de uno de los líderes más influyentes y elevados de la Francmasonería ...

De acuerdo a la otra no hubo una mujer intermediaria, y ningún robo a un Francmasón francés, sino que todo el asunto fue ejecutado por al difunto amigo por sí sólo, quien hizo una búsqueda en las Oficinas Centrales de la Sociedad de Sión en Francia ... . En la tercera edición aumentada de su obra, publicada en 1911, ... nos cuenta que los documentos no llegaron de Francia, sino de Suiza, que no eran judeo-masónicos, sino Sionistas, y que eran los protocolos secretos del Congreso Sionista reunido en Basilea en 1897. De todos estos testimonios, la conclusión más verosímil es que los Protocolos en su versión francesa fueron preparados por los agentes de la Okrana en París, quienes le entregaron el manuscrito a Butmi y éste a su vez se lo entregó a Nilus, cuya condición de monje le daría más prestigio a la publicación.


Aunque los líderes rusos ilustrados no creían realmente en la veracidad de los Protocolos, les resultaban útiles para fomentar el odio a los judíos.

 


ALGO SOBRE EL CONGRESO SIONISTA DE BASILEA


Ya que algunos escritores se empeñan en atribuir los Protocolos al primer Congreso Sionista, convocado por el Dr. Theodor Herzl, no está demás dar algunas explicaciones acerca de este congreso, su verdadero objeto, y sus resoluciones, todo lo cual está ampliamente documentado en forma histórica.


El movimiento sionista fundado por Herzl y unos pocos simpatizantes, era simplemente un llamado al pueblo judío a retornar a su patria ancestral, Judea (luego llamada Palestina por los romanos), que a fines del siglo XIX formaba aún parte del imperio Otomano. El objetivo principal era solucionar el “problema judío” de los países europeos, especialmente, mediante la emigración de los judíos. En Palestina, los judíos volverían a ocuparse de la agricultura, la construcción y otras actividades que les habían estado vedadas por cientos de años en sus lugares de dispersión. La palabra “Sionismo” fue acuñada por el periodista Nathan Birnbaum, quien la usó en su revista Autoemancipación el 1° de abril de 1890.


El primer Congreso Sionista mundial tuvo lugar en la ciudad suiza de Basilea, los días 29, 30 y 31 de agosto de 1897. El centenario del Congreso fue celebrado hace pocas semanas. Las deliberaciones tuvieron lugar en el Casino Municipal de Basilea en seis sesiones, comenzando la primera a las 9 am y la segunda a las 3 pm de cada uno de los tres días que duró el Congreso. Los idiomas empleados fueron el hebreo y el alemán, y las actas del Congreso (un volumen de varios cientos de páginas) fueron asimismo publicadas en estos dos idiomas.


Entre los delegados al Congreso se contaban delegados de la mayoría de los países europeos (pero no de España ni de Portugal). De los países árabes, sólo llegaron 10 delegados de Argelia. Ninguno de países como Egipto, Siria, Irak y Yemén, a pesar que allí existían grandes y antiguas comunidades judías. De América llegaron solamente cuatro delegados de los Estados Unidos, y no hubo ningún representante del resto de los países americanos.


Las verdaderas resoluciones del Primer Congreso Sionista fueron la creación de un organismo (la Organización Sionista Mundial) para llevar a la práctica el programa sionista, el planteamiento de la creación de un Fondo Nacional para comprar tierras en Palestina, desecar los pantanos, construir caminos y plantar bosques, y la decisión de seguir reuniéndose en forma periódica en Congresos Sionistas que constituirían la autoridad máxima del movimiento Sionista.

 


LA VERDAD SALE A LUZ


En 1921, un miembro de la redacción del diario Times de Londres, Philip Graves, quien se encontraba entonces en Constantinopla (Istanbul), encontró una copia gastada de un libro en francés titulado Diálogos en los Infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, o la Política de Maquiavelo en el siglo XIX. El autor era anónimo (“Por un Contemporáneo”) y la impresión fue hecha en la imprenta de A. Mertens e Hijos en Bruselas, en 1864. El libro - como descubrieron rápidamente los miembros de la redacción del Times - había sido escrito en 1858 por Maurice Joly, un abogado francés. En su novela, en forma de un diálogo de ultratumba entre Montesquieu y Maquiavelo, Joly atacaba a Napoleón III. El resultado fue que Joly fue encerrado en prisión por quince meses.


Graves se dio cuenta inmediatamente del parecido extraordinario entre estos Diálogos y los Protocolos de Nilus. Había párrafos enteros que habían sido copiados literalmente, mutatis mutandis por el cambio entre diálogo y monólogo. Graves había hecho un descubrimiento de la mayor importancia. En tres largos artículos (16) publicados en el Times de Londres de los días 16, 17 y 18 de agosto de 1921, reveló la verdad sobre la falsedad de los Protocolos. Graves demostró que Nilus había simplemente plagiado los Diálogos de Joly, cambiando el original y agregando material (en parte copiado de Goedsche) para servir a sus propósitos. Posteriormente se publicaron muchas revelaciones respecto al documento fraudulento.


En 1933 se publicó una comparación párrafo por párrafo de los textos de Joly y de Nilus, demostrando su parecido o identidad. Otra comparación aparece en el apéndice del libro Questions and Answers Concerning the Jew (Preguntas y respuestas respecto a los judíos), publicado por la Liga Contra la Difamación de la Bené Berit. En el libro ya antes citado del Profesor Ferrer Benimeli, hay una comparación de párrafos selectos, que ocupa 8 páginas (pp. 157-164), demostrando el paralelismo entre ambos textos.

 

Pese a que la Iglesia Católica no se ha caracterizado en general por su afecto ni hacia los masones ni hacia los judíos, es un hecho notable que una de las revelaciones de la absoluta falsedad de los Protocolos fue escrita por el R.P. Pierre Charles, S.J. y publicada en la Nouvelle Revue Théologique de Bélgica en enero de 1938.(17) Les ruego tomar nota de la fecha, estamos en Europa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, los regímenes totalitarios de Hitler y Franco (y en menor grado, Mussolini) han desencadenado una violenta campaña antisemita y antimasónica. Todos los que seguían el desarrollo de los acontecimientos se daban cuenta que la guerra era inminente, y que el poder militar germano aplastaría a sus vecinos, incluyendo a Bélgica.


El Padre Charles tiene que haber sido un hombre de un coraje excepcional, integridad y amor al prójimo, para atreverse a publicar en esos momentos su refutación de los Protocolos. También sus superiores, que autorizaron la publicación, hicieron alarde de un sentido de justicia y humanidad muy escaso en la Europa de esos años.

 


ALGUNOS PARALELOS


Aunque dentro del marco de esta conferencia es imposible realizar una comparación minuciosa entre el original francés de Joly y la fraudulenta versión de Nilus, daré lectura a unos pocos trozos selectos para dar una idea de lo que estamos hablando. Las personas interesadas pueden consultar la obra del Profesor Ferrer Benimeli (18) o alguna de las obras citadas al comienzo, donde se citan muchos párrafos mostrando el paralelismo entre ambas obras.

Diálogo de Joly, p. 75:
Organizaré, por ejemplo, inmensos monopolios financieros, reservas de la fortuna pública, de los que dependerá tan estrechamente la suerte de todas las fortunas privadas, que serán absorbidas con el crédito del Estado al día siguiente de toda catástrofe política. Vos sois economista, Montesquieu; pesad el valor de esta combinación.
Protocolos de Nilus, p. 42:
Bien pronto organizaremos enormes monopolios - colosales reservas de riquezas - en los que las fortunas de los cristianos, incluso las grandes, dependerán de tal forma de ellos, que serán absorbidas con el crédito de los Estados al día siguiente de una catástrofe política. Señores economistas aquí presentes, considerad la importancia de esta combinación.
 

Diálogo de Joly, p. 77:
Es preciso llegar a que en el Estado haya solamente proletarios, algunos millonarios y soldados.
Protocolos de Nilus, p.45:
Es preciso que en los Estados haya solamente proletarios, algunos millonarios ... y soldados.
 

Diálogo de Joly, p. 159:
Sila volvió deificado, nadie tocó un cabello de su cabeza.
Protocolos de Nilus, p. 93:
Sila estaba deificado (nadie tocó un cabello de la cabeza de Sila).

Hay que señalar que a veces Nilus se equivoca, pierde el hilo y no sabe quién está hablando, mezclando los juicios contradictorios de los dos personajes en la obra de Joly.

 

En total hay más de 160 pasajes en los Protocolos, correspondientes a un cuarenta porciento del texto total, que están evidentemente basados en pasajes en Joly. En nueve de los capítulos, el texto copiado alcanza a más de la mitad. Un pequeño detalle grotesco es la cita en Latín - la única en los Protocolos: Per me reges regnant. (Por mí reinan los reyes). Esta es una cita del libro de los Proverbios, 8, 15, en su traducción católica (la Vulgata). Es inconcebible que en el Congreso de Basilea, donde muchos si no todos los participantes hablaban o entendían el hebreo, hubieran usado una traducción católica de la Biblia, en vez del original hebreo: Bi Melajim Imlejú.


El ataque a la Masonería contenido en la obra de Nilus aparece al pasar en muchos párrafos del libro. Por ejemplo, en el Protocolo No. 11:

“Esto es lo que ha servido de base para nuestra organización de UNA MASONERIA SECRETA DESCONOCIDA POR ESTE GANADO “GENTIL”, Y CUYOS OBJETIVOS NI SIQUIERA LOS SOSPECHA, ATRAIDO POR NOSOTROS AL EJERCITO TEATRAL DE LOGIAS MASONICAS PARA ECHAR TIERRA EN LOS OJOS DE SUS MIEMBROS.”

El Protocolo No. 15 es quizás el más interesante del punto de vista masónico, conteniendo frases como,

“crearemos y multiplicaremos logias masónicas libres [evidentemente, Joly no entendía el nombre Francmasón] en todos los países del mundo. ... Pondremos todas estas logias bajo una administración central, conocida sólo por nosotros. ... Entre los miembros de estas logias estarán casi todos los agentes policiales internacionales y nacionales.”

Tenemos aquí todos los elementos de las teorías conspirativas, y no vale la pena tratar de discutir con quien está dispuesto a creer estas necedades, haciéndole ver, por ejemplo, la independencia guardada celosamente por las Grandes Logias de todo el mundo, o que las policías secretas de los regímenes totalitarios se cuentan entre los enemigos más rabiosos de la Masonería.

 


OTRO TESTIMONIO DE PRIMERA MANO


Los tribunales han dictaminado más de una vez que los Protocolos son una falsedad y un plagio. Por ejemplo, en mayo de 1935, un juez suizo en Berna, juzgando una persona acusada de distribuir literatura sediciosa, declaró: “Considero que los Protocolos son una falsificación, un plagio y una tontería”. Sin embargo, la propaganda Nazi hizo enérgico uso de los Protocolos para justificar sus políticas racistas y su reimpresión y distribución es una de las principales ocupaciones de los círculos antisemitas en todo el mundo, hasta hoy.


Declarando en este juicio, el Conde A.M. du Chayla proporcionó importantes informaciones sobre Sergei Nilus, a quien conocía de cerca. Durante la primera Guerra Mundial, el Conde du Chayla comandó un escuadrón de cosacos del Don, y fue condecorado por heroísmo. En 1909, pasó nueve meses en el monasterio de Optina Poustina, donde fue vecino de Nilus, con quien trabó una estrecha amistad. Nilus le habló con frecuencia de los Protocolos y le mostró el documento original y los comentarios que estaba preparando.

“Nilus le presentó a du Chayla una cierta Mme. K, quien había sido su amante en París, y después que Nilus se casó vino a vivir con él y su mujer. La señora Nilus era una mujer débil de carácter y no puso objeciones a este arreglo. Nilus le contó a du Chayla que, mientras estaban en París, la señora K había conocido un cierto General Ratchkovsky, quien le había entregado el manuscrito de los Protocolos, que según él los había sustraído de los archivos secretos de los Francmasones”.(19)

El General Ratchkovsky era uno de los agentes de la Okrana, la tristemente famosa policía secreta rusa zarista.

 

Después que se reveló el plagio, algunos antisemitas inventaron una “explicación” para la identidad entre los textos. Según ellos, Joly era en realidad un judío bautizado cuyo verdadero nombre era Moses Joel y que, naturalmente, era comunista y había sido fusilado en 1871. Que Joel tenía que haber estado en conocimiento de plan judeomasónico de conquista mundial, ¡y que por lo tanto era natural que su libro y los Protocolos coincidieran!


La verdad histórica, según se ha podido averiguar, es que Maurice Joly era un monarquista y antisemita, descendiente de una vieja familia francesa católica, muchos de cuyos miembros sirvieron como funcionarios públicos.

 


LOS PROTOCOLOS SE EXTIENDEN


Como lo hace notar Ferrer Benimeli, el éxito editorial de los Protocolos fue indiscutible. En el British Museum de Londres se conservan 43 ediciones distintas. Especialmente en los años treinta, época de auge del facismo y del nazismo, anotamos no menos de 28 ediciones y traducciones, impresas en los cuatro rincones del orbe. (20) La primera traducción a otro idioma fue hecha por un alemán, el capitán Müller von Hausen, escribiendo bajo el seudónimo de Gottfried zur Beck, quien agregó numerosas notas y comentarios al apéndice de Nilus - es decir, los Protocolos - y los incluyó en las páginas 68 a 143 de un libro suyo que lleva por título Die Geheimnisse der Weisen von Sion (Los secretos de los Sabios de Sión).

 

Von Hausen dedicó su libro “a los príncipes de Europa” como advertencia contra la conspiración judía que amenazaba tronos y altares.(21) Su publicación fue patrocinada por la nobleza alemana y se hicieron ediciones populares de bolsillo para alcanzar una máxima difusión. En 1920 los Protocolos fueron traducidos al polaco, y aparecieron también ediciones en los Estados Unidos e Inglaterra. Poco después también en Suecia, Japón, Portugal y Francia. En 1925 se publicó en Damasco una edición en árabe, que se difundió por todo el Medio Oriente.


La primera edición de los Protocolos en España data de 1927, llevando el título Los peligros judeomasónicos. Los Protocolos de los Sabios de Sión. (22) Hubo numerosas ediciones posteriores.


En los Estados Unidos los Protocolos obtuvieron el apoyo de un importante “creyente”, el industrial automovilístico Henry Ford. No conocemos la razón para el antisemitismo de Ford, pero el hecho es que no sólo financió de su bolsillo varias ediciones del libro, sino que creó una revista (The Dearborn Independent) especialmente para denunciar el peligro judío. Eventualmente, Ford reunió sus artículos antisemitas en un libro que tituló El Judío Internacional. El libro fue rápidamente traducido al alemán por Théodor Fritsch y en 1922 ya había alcanzado 22 ediciones. Tanto el libro de Ford como los Protocolos se convirtieron en elementos indispensables en la propaganda antisemita de los Nazis.

 


LAS SECUELAS


Los Protocolos, como ya lo hemos hecho notar, se transformaron en la “Biblia” de los antisemitas y antimasones. Adolf Hitler los usó como justificación para su política de persecución racial, que culminó, como sabemos, en la “Solución Final”, es decir el Holocausto - el asesinato en masa de millones de hombres, mujeres y niños judíos por el sólo “crimen” de ser judíos.


Terminada la Segunda Guerra Mundial, y después de la revelación de los crímenes inconcebibles contra la humanidad perpetrados por la Alemania Nazi, y el exterminio de un tercio del pueblo judío, se podría haber esperado una actitud más crítica hacia los Protocolos, cuya falsedad ya estaba demostrada hasta la saciedad. El Holocausto mismo vino a demostrar, en la forma más trágica y palpable posible, la absoluta necedad de los presuntos “planes de dominación mundial” descritos en los Protocolos. Sin embargo, el odio antisemita y antimasónico no tiene relación alguna con la lógica, sino con la psicopatología. Los antisemitas simplemente han optado por negar la existencia del Holocausto, alegando que los campos de exterminio, cámaras de gases, miles de testimonios, fotos, películas y confesiones de algunos de los criminales implicados en el Holocausto no son sino invenciones y mistificaciones. La propaganda antisemita y antimasónica sigue apareciendo sin tregua.

 

En junio de 1992 fue publicado en un periódico turco un folleto de 40 páginas, a todo color, coincidiendo con la celebración del Quinto Centenario de la bienvenida otorgada por el imperio Otomano a los judíos expulsados de España. La publicación se titula El Ultimo Mensaje y lleva en la primera página una foto de Kemal Atatürk, el padre de la república turca, con el lema: “Siguiendo tus pasos”. El titular siguiente promete revelar los secretos de la Masonería, pero la lectura del texto demuestra que se trata simplemente de otro opúsculo de propaganda rabiosamente antisemita. En el interior hay una foto de Hitler con el título “Los judíos me financiaron”, y una de Mussolini diciendo “Soy un Sionista”.


De especial interés para nosotros es la ilustración en forma de pirámide truncada, con el ojo que todo lo ve dentro de un triángulo en la cima de la pirámide. Luego, en niveles decrecientes, se “revela” la estructura del poder mundial judío: en la cima, 3 judíos Cabalistas, luego el Sanhedrín (compuesto por 70 Sabios), debajo de ellos la Bené Berith y algo llamado Bilderberg “fundado en Holanda en 1954 con dinero de Rockefeller y Rothschild”. Nadie ha descubierto aún a qué se refiere ese nombre. El nivel siguiente es ... la MASONERÍA, así, en letras grandes. Finalmente, debajo de la Masonería están los Rotarios, los Leones y ... créanlo o no, el “Diners Club”.


Las 40 páginas del folleto están repletas de revelaciones fascinantes, como por ejemplo que la palabra “Nazi” es el nombre de los judíos europeos (evidentemente, para el autor no existe diferencia entre “Ashkenazi” 23 y “Nazi” 24). Hitler fue financiado por los banqueros judíos, y el financista judío Bernard Baruch, “dueño de 243 de las 246 fábricas de municiones en los Estados Unidos” es quien organizó la segunda Guerra Mundial. (25) Es fácil tomar a la risa esta triste versión turca “corregida y aumentada” de los Protocolos, pero el asunto es muy serio.

 

Turquía es un país musulmán, que lucha por mantener la tradición laica impuesta por los fundadores de la República Turca a comienzos de los años 20. Los fundamentalistas islámicos están luchando ferozmente por recuperar el poder, apoderarse de la educación primaria y transformar a Turquía en otra nación islámica al estilo de Irán. En esta lucha el uso del antisemitismo - conjugado en los ojos de dichos círculos con el Sionismo - y la antimasonería son algunas de sus armas principales. Los Protocolos se siguen publicando, como si nada hubiera pasado. Su popularidad continúa hasta el día de hoy.

 

En el último volumen publicado por la Universidad de Tel Aviv de su encuesta anual del antisemitismo en el mundo, correspondiente al año 1995, se anotan los Protocolos como una excusa para actos de terrorismo árabe en Villeurbanne, Francia (p. 10) y nuevas ediciones de los Protocolos en los Estados Unidos, Estonia, Eslovaquia, Ucrania, Irán, Dinamarca, y una traducción al griego publicada en Australia (!).26 Conclusiones Comenzaré por citar las conclusiones del R.P. Pierre Charles: (27)

1. Si se los toma como un programa, los Protocolos ... son sólo una serie de divagaciones sin importancia, que delatan a cada momento la incoherencia del redactor y su ignorancia de las nociones más elementales. Nadie podría jamás llevar a ejecución ese programa, porque hormiguea de contradicciones y de insanías visibles.


2. Es cosa probada que estos Protocolos son una falsificación, plagiada torpemente de la obra satírica de Maurice Joly y compuesta con el fin de hacer odiosos a los judíos, excitando contra ellos las pasiones irreflexivas y ciegas de la muchedumbre.


3. El Congreso Sionista de Basilea no tiene que ver absolutamente nada con la composición de los Protocolos.


4. Se puede discutir sobre el fin perseguido por los autores de la falsificación. Parece, en verdad, que debe relacionárselo con la situación interna de Rusia y con el manifiesto zarista del 30 de octubre del mismo año. Pero para no mezclar conjeturas en una conclusión clara de por sí, no queremos examinar este punto. A lo anterior podríamos agregar la evidente falsedad de la relación entre judaísmo y Masonería, de la que ya hablamos antes. También se ha querido relacionar la Masonería con el Comunismo, lo que no pasa de ser un absurdo tan grotesco como el anterior, si recordamos que la Masonería fue prohibida y los masones fueron perseguidos por todos los regímenes comunistas, comenzando con la Unión Soviética.

 

En 1922 la Cuarta Internacional Comunista declaró que la Masonería y el Comunismo son incompatibles, y un par de años más tarde la policía secreta rusa liquidó los últimos vestigios de Masonería arrestando a los pocos Masones restantes. Algo similar ocurrió en todos los países de la órbita soviética, donde la Masonería estuvo estrictamente prohibida mientras duró el régimen comunista. La única excepción conocida a esta regla general es la de Cuba, donde la Orden continúa funcionando - bajo estrecha supervisión policial - pero no ha sido suprimida. La lucha entre los hijos de la luz y los sectarios del odio y la intolerancia no sólo no ha terminado, sino que se está agravando.

 

En países de larga tradición democrática, como Inglaterra y los Estados Unidos, la antimasonería ha vuelto a florecer y está alcanzando nuevos niveles de fanática actividad. Las oportunidades ofrecidas por la tecnología electrónica - especialmente el Internet - han sido rápidamente aprovechadas por los antisemitas y antimasones, mientras que del lado de la Masonería la reacción es muy lenta y podemos decir que está en sus comienzos. En el escenario mundial, el renacimiento de la Masonería en los países sucesores del imperio soviético es sumamente despaciosa y difícil, mucho más de lo que se suponía hace pocos años atrás.

Por otra parte, siguen habiendo numerosas naciones en el mundo - especialmente aquellas con regímenes islámicos - donde la Masonería está prohibida hasta el día de hoy.


Termino con una última cita del Padre Charles:

“El odio es como la túnica legendaria de Deyanira, de la que Hércules no llegaba a
desprenderse. Los odios son - ¡ay! - el tesoro que el hombre guarda más ferozmente;
y lapida con rabia a aquellos que intentan arrebatárselo.” (28)




NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

1 José Antonio Ferrer Benimeli, El Contubernio Judeo-Masónico-Comunista, Ediciones Istmo, Madrid, 1982.
2 Norman Cohn, Warrant for Genocide (The myth of the Jewish world-conspiracy and the Protocols of the Elders of Zion), Eyre & Spottiswoode, Londres, 1967.
3 Herman Bernstein, The Truth about the "Protocols of Zion" - A complete Exposure, Covici-Friede, Nueva York, 1935.
4 Sigmund Livingston, Must Men Hate? (¿Es que los hombres tienen que odiar?), Crane Press, Cleveland, 1944.
5 El Profesor Ferrer Benimeli cita la publicación titulada "Judíos y Masones" en La Lectura Dominical del 27 de febrero de 1898. op. cit., p.138, nota 4.
6 5 volúmenes, Londres, 1797.
7 Citado por Cohn, op. cit., p. 48.
8 R.P. Pierre Charles, Los Protocolos de los Sabios de Sion, Buenos Aires, 1954. El trabajo original del R.P. Charles apareció en la Nouvelle Revue Théologique de enero
de 1938.
9 Cohn, op. cit., p. 33.
10 Cohn, op. cit., p. 45.
11 Cohn, op. cit., p. 47.
12 Cohn, op. cit., pp. 65-66.
13 Livingston, op. cit., p. 41.
14 Livingston, op. cit., p. 40.
15 Ibidem, p. 42.
16 Estos artículos fueron posteriormente publicados como un panfleto con el título La Verdad sobre los Protocolos, un fraude literario.
17 Una traducción al castellano fue publicada como un folleto en Buenos Aires en 1954.
18 Ferrer Benimeli, op. cit., pp. 157-166.
19 Bernstein, op. cit., p. 49.
20 Ferrer Benimeli, op. cit., p. 148.
21 Ferrer Benimeli, op. cit., p. 143.
22 Ferrer Benimeli, op. cit., p. 144.
23 De "Ashkenaz", el nombre de Alemania en hebreo medieval.
24 Abreviatura de "Nationalsozialist".
25 Reportaje por Alexander Zvielli y David Bar-Illan: "Calculated madness in a Turkish fantasy", The Jerusalem Post (Jerusalén), 24 de julio de 1992.
26 Anti-Semitism World Wide 1995/6, Universidad de Tel Aviv, Proyecto para el Estudio del Antisemitismo, Tel Aviv, 1996.
27 Charles, op. cit., p. 34.
28 Charles, op. cit., p. 35.